En las entidades del sistema financiero local aumenta la preocupación por el fracaso de los planes de refinanciación aplicados sobre las carteras morosas. De acuerdo a reportes del sector bancario, hasta un 30% de los deudores que reestructuraron sus compromisos volvió a caer en estado de irregularidad, echando por tierra las previsiones oficiales que marcaban un techo en el nivel de morosidad de las familias.
La reincidencia responde a la falta de recuperación del poder adquisitivo y al peso de los elevados costos financieros, que empujan a los usuarios golpeados al circuito no bancario, donde la mora trepa a niveles de entre el 25% y el 30%. El fenómeno afecta principalmente al crédito al consumo y genera que las entidades endurezcan las condiciones de otorgamiento, restringiendo aún más el acceso al financiamiento y condicionando la actividad económica general.
El escenario de sobreendeudamiento llegó a la agenda legislativa de la Cámara de Diputados, donde se promueven iniciativas para fijar topes a las tasas de interés y establecer límites al cobro de cuotas en proporción al salario. Mientras tanto, las entidades financieras adaptan sus proyecciones de riesgo ante la imposibilidad del público de sostener planes de pago en el actual contexto socioeconómico.
