Un atroz femicidio en el paraje La Cañada, departamento de Graneros, conmociona a la provincia y deja al descubierto graves negligencias en el accionar policial preventivo. Yudith Nazarena Jerez (36) fue brutalmente asesinada a golpes y de dos disparos en su vivienda. Su concubino y principal sospechoso, Pablo Salvador Pitali (39), fue hallado en el lugar tras el crimen por familiares de la víctima. Aunque confesó el hecho en el acto, el acusado logró ser trasladado a la comisaría con un disparo en la sien sin que las fuerzas de seguridad lo detectaran en un primer examen, un fallo procedimental inédito que posterga la acción judicial.
La gravedad de la herida autoinfligida salió a la luz horas después, cuando peritos del Equipo Científico de Investigaciones Fiscales (ECIF) descubrieron que un orificio de entrada de bala disimulado por la capucha de su indumentaria había sido confundido con un hematoma. Pitali fue derivado de urgencia al Hospital Padilla, donde se le extrajo un proyectil calibre .22 alojado en el cráneo y permanece internado en terapia intensiva bajo coma inducido. En la escena del crimen, la Policía secuestró el arma utilizada, dos vainas servidas y constató indicios de una violenta pelea previa.
Ante la imposibilidad clínica de realizar la audiencia formal dentro del plazo legal de 48 horas, la Fiscalía de Homicidios de Concepción debió tramitar la conversión de la aprehensión en detención firme dentro del nosocomio. La medida busca garantizar que el agresor responda ante la Justicia por femicidio —delito que prevé la pena de prisión perpetua— apenas recupere la conciencia. El caso no solo expone la escalada fatal de la violencia de género en el interior tucumano, sino también la falta de rigor en los protocolos policiales al momento de contener y evaluar a sospechosos de crímenes aberrantes.
