Este jueves 24 de septiembre, el INDEC dará a conocer el índice oficial de pobreza e indigencia correspondiente al primer semestre de 2026. Tras la tregua del segundo semestre de 2025 —cuando el indicador había perforado el piso del 28,2%—, las proyecciones de consultoras privadas y centros universitarios coinciden en un diagnóstico preocupante: la fase de descenso sostenido se agotó, empujada por ingresos que pierden la carrera contra el costo de las canastas básicas y por la precarización del mercado laboral.
El consenso de los especialistas señala una clara reversión de tendencia. El nowcast de la Universidad Torcuato Di Tella (UTDT), elaborado por el economista Martín González-Rozada, calcula que la pobreza saltó al 31,4% y la indigencia al 6,9% entre enero y junio. De confirmarse estas cifras, más de 1,5 millones de personas habrían caído por debajo de la línea de flotación en lo que va del año, elevando la cifra nacional proyectada a unos 14,6 millones de argentinos. En la misma línea, el Observatorio de la Deuda Social Argentina de la UCA advirtió que la caída de precios relativos que benefició al salario informal durante 2025 perdió fuelle rápidamente.
El núcleo del deterioro radica en el descalce entre ingresos e inflación de bienes de primera necesidad. En el Gran Buenos Aires, la Canasta Básica Total (CBT) trepó un 34,7% interanual en el semestre, mientras los ingresos familiares avanzaron solo un 25%. Para una familia tipo de cuatro integrantes, la barrera para no ser pobre alcanzó en agosto los $1.605.497, mientras que la de indigencia se fijó en $726.469. La suba acumulada en alimentos y servicios básicos volvió a correr por encima del Índice de Precios al Consumidor (IPC) general, limando el poder de compra de la clase media y de los sectores vulnerables.
A este cuadro se suma la fragilidad del empleo. Si bien la actividad económica mostró repuntes traccionados por la minería, el agro y la energía, estos sectores son intensivos en capital pero de baja absorción laboral. En contraste, las ramas con mayor tracción de mano de obra —como la construcción, la industria y el comercio— continúan estancadas. El resultado es un desplazamiento hacia la informalidad, que creció un 11% desde 2024, reduciendo la protección social y dejando a miles de hogares tucumanos y del interior al límite de la subsistencia.
El termómetro del consumo ratifica el ahogo: las ventas en supermercados cayeron 2,1% interanual en julio y acumulan un saldo negativo del 2,7% en el año. La publicación del INDEC no solo revelará la magnitud del retroceso social, sino que reabrirá la discusión sobre la sostenibilidad de un modelo económico cuya recuperación no termina de derramar en los bolsillos de la gente.
