Un trágico accidente conmocionó a la comunidad británica de Plymouth tras confirmarse el fallecimiento de Lilly Angel Rodgers, una menor de 11 años que perdió la vida mientras jugaba a orillas del río Lynher, en la zona de Wacker Quay. El hecho ocurrió cuando la niña se deslizaba por un banco de barro y sufrió la penetración de una rama afilada oculta bajo la superficie, la cual le ocasionó una herida letal en la zona torácica.
Pese a que el lugar era frecuentado por familias de la zona y contaba con supervisión de adultos a escasa distancia, las condiciones del terreno imposibilitaron una intervención preventiva. El impacto afectó directamente una arteria pulmonar, lo que provocó un paro cardíaco inmediato. El operativo de rescate desplegado por las fuerzas de emergencia y un helicóptero de la región demandó más de 40 minutos debido a las complicaciones de acceso que presentaba el lecho del río, aunque los esfuerzos médicos en el hospital de Derriford no lograron revertir el cuadro.
Las pericias forenses llevadas a cabo por el Royal Cornwall Hospital determinaron que el deceso se produjo de manera instantánea a causa de un traumatismo penetrante severo, descartando cualquier tipo de intencionalidad o negligencia por parte de terceros. La policía de Devon y Cornwall dio por concluida la investigación catalogando el hecho como un evento fortuito.
A raíz del trágico suceso, el organismo Tamar Community Trust, responsable de la administración del predio perteneciente al Ministerio de Defensa, procedió a la colocación de nueva señalética en la zona costera para advertir a los visitantes sobre los riesgos y peligros ocultos bajo las capas de barro del estuario.
