La puja por el liderazgo del peronismo tucumano sumó un nuevo capítulo de alta tensión institucional tras la reunión mantenida en Buenos Aires entre el senador nacional Juan Manzur y el líder del Frente Renovador, Sergio Massa. Durante el encuentro, ambos dirigentes repasaron el complejo panorama socioeconómico nacional, la parálisis de la obra pública y la situación de las economías regionales. Sin embargo, el trasfondo político no tardó en detonar cruces en la provincia, especialmente luego de que el exgobernador ironizara sobre pases de dirigentes locales comparando el alineamiento de su espacio a nivel nacional.
La respuesta desde el Poder Ejecutivo provincial no se hizo esperar y expuso las diferencias irreconciliables en la conducción. El ministro del Interior de la provincia, Darío Monteros, salió al cruce del exmandatario con severas críticas hacia la búsqueda de padrinazgos en la Capital Federal, sosteniendo que el liderazgo territorial debe legitimarse ante los tucumanos y no a través de contactos en Buenos Aires. Desde el entorno del gobernador Osvaldo Jaldo cuestionaron además los ocho años de gestión anterior y exigieron propuestas concretas para el futuro de la provincia.
El episodio dejó al descubierto una fractura cada vez más expuesta dentro del espacio oficialista. Mientras el sector de Manzur busca ganar volumen político mediante alianzas estratégicas con referentes nacionales y el cuestionamiento a las políticas económicas de ajuste, el jaldismo se abroquela en el territorio para reivindicar su margen de maniobra local y la gestión de gobierno diaria. Esta disputa de poder anticipa un escenario de reconfiguración política inevitable de cara a los próximos desafíos electorales en Tucumán.
